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lunes, 22 de diciembre de 2014
Cuento De la comida que celebraron el Sol, la Luna y el Viento
Un día, el Sol, la Luna y el Viento fueron a comer con sus tíos el Trueno y el Relámpago. Su madre, una de las más brillantes estrellas del firmamento, esperaba sola su regreso.
El Viento y el Sol eran muy glotones y se lo comieron todo, sin guardar nada para su madre. Pero la suave Luna no se olvidó de ella. De cada cosa que le servían guardaba un poco en las hermosas uñas de sus dedos, a fin de que la madre pudiera probar lo que ellos comían.
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sábado, 20 de diciembre de 2014
Cuento de Como fueron engañados los malos hijos
Un hombre muy rico, creyendo que estaba a punto de morir, llamó a sus hijos y dividió entre ellos sus propiedades. Sin embargo, no murió y al levantarse de la cama, se encontró con que sus hijos ya no le querían, ni tenían con él las delicadezas que antes, cuando todos esperaban conseguir mayor parte de su fortuna.
Todos le trataban mal, y no se recataban para decir que deseaban que muriese lo más pronto posible, ya que su vida sólo originaba gastos y molestias.
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jueves, 18 de diciembre de 2014
El Ciego
Dicen que una vez había un ciego sentado en la vereda con una gorra a sus pies y un pedazo de madera que llevaba escrito con tiza blanca: "POR FAVOR AYÚDENME, SOY CIEGO".
Un derviche que pasaba frente a él, se detuvo y observó las pocas monedas que había en la gorra.
Sin pedirle permiso cogió el cartel, le dio vuelta y escribió algo. Después volvió a poner el pedazo de madera sobre los pies del ciego y se fue.
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martes, 16 de diciembre de 2014
Cuento Detrás de la Puerta
Aquella noche, mientras cenaban, él lo sacó y lo puso junto al plato de Doris. Ésta lo miró y se llevó una mano a la boca.
—Dios mío, ¿qué es esto? —Levantó la vista y le miró con ojos radiantes.
—Bueno, ábrelo.
Doris cortó la cinta y el papel del paquete cuadrado con sus uñas afiladas, mientras su pecho se movía agitado. Larry la observó con atención cuando levantó la tapa. Encendió un cigarrillo y se apoyó en la pared.
—¡Un reloj de cuco! —exclamó Doris—. Un auténtico reloj de cuco antiguo, como el que tenía mi madre. —Dio vueltas sin parar al reloj—. Igual que el de mi madre, cuando Pete aún vivía. —Sus ojos brillaban de lágrimas.
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domingo, 14 de diciembre de 2014
Cuento Equipo de Exploración
Halloway subió por el conducto que atravesaba nueve kilómetros
de ceniza para ver como aterrizaba el cohete. Salió del tubo forrado de plomo
y se reunió con Young, que estaba acuclillado junto con un pequeño grupo de
soldados.
La superficie del planeta estaba oscura y silenciosa. El aire
hirió su olfato. Olía mal. Halloway se estremeció, inquieto.
—¿Dónde demonios estamos?
Un soldado señaló con un dedo la negrura.
—Las montañas están por allí. ¿Las ve? Las Rocosas, y esto es
Colorado.
Colorado... El antiguo nombre despertó vagas emociones en Halloway.
Acarició su fusil desintegrador.
—¿Cuándo llegará? —preguntó.
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sábado, 13 de diciembre de 2014
El Cuento en México 1934-1984
Por Carlos Monsiváis
Como alternativa cultural y social, el cuento en México surge relativamente tarde y casi se diría a petición del público. Por lo pronto, hay que satisfacer la demanda de "espejos en el camino", y mientras llegan las grandes novelas, conviene prodigar crónicas, cuentos, textos sin clasificación posible. Los románticos son los primeros en ver en el cuento un vehículo idóneo para sus vidas y pasiones.
Tómese un cuento de fin de siglo, "Fragatita", de Alberto Leduc. En el brevísimo relato no hay recriminación, no hay moraleja y el criminal no expía su culpa. O los acontecimientos son inicuos o son idílicos, y entre ambos extremos nada más queda —a veces— la crónica amable y sentimental. Gutiérrez Nájera, en sus colecciones de cuentos y crónicas, es un crítico angustiado por la brutal inarmonía de la sociedad, y Micros es un manejador admirable del rencor social.
Con los criterios de hoy, el cuento mexicano del siglo XIX resulta ingenuo. Lo que fue virtud moral es hoy cadena perpetua: como ahora el lector ya sabe, la mayoría de estos relatos sólo encuentra acomodo en la historia de la literatura.
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Cuento El Desayuno en el Crepúsculo
—Papá, ¿vas a llevarnos en coche al colegio? —preguntó Earl, saliendo como una tromba del cuarto de baño.
Tim McLean se sirvió su segunda taza de café.
—No estaría mal que fuesen andando, para variar. El coche está en el garaje.
—Está lloviendo —dijo Judy, frunciendo los labios.
—No, no llueve —corrigió Virginia a su hermana. Levantó la persiana—. Hay niebla pero no llueve.
—Déjenme mirar. —Mary McLean se secó las manos y se acercó—. Qué día más raro. ¿Eso es niebla? Pues parece humo. No veo nada. ¿Qué dijo el hombre del tiempo?
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Naufragio (Cuento Fantástico)
Autor: Marita Santini
Ya era demasiado tiempo. Era él y el mar. Era él y su balsa. Era él y su almuerzo.
Había salido aquella tarde, como de costumbre, a navegar en su pequeño velero azul. Nunca había perdido el control. Nunca antes se había entusiasmado tanto con el color del cielo y la intensidad del viento. Esa vez sí. Y se dejó llevar. La plenitud de la naturaleza lo guió al medio del paisaje y llegó a un punto donde el velero se confundió con el horizonte. Cuando se dio cuenta el mar había entrado a su alma, a su mundo.
Al cesar el viento pensó primero en regresar. Calculó la hora de llegada exacta, hora en que Valeria debería estar esperándolo ya con la cena. Pero su alma le pidió más mar, mientras el mar le pidió su alma. Entonces quitó las velas de su barco y descansó. Descansó una, dos, tres noches sin sus días, soñando las constelaciones y entendiendo a ése que le contaba sus misterios.
Ya era demasiado tiempo. Era él y el mar. Era él y su balsa. Era él y su almuerzo.
Había salido aquella tarde, como de costumbre, a navegar en su pequeño velero azul. Nunca había perdido el control. Nunca antes se había entusiasmado tanto con el color del cielo y la intensidad del viento. Esa vez sí. Y se dejó llevar. La plenitud de la naturaleza lo guió al medio del paisaje y llegó a un punto donde el velero se confundió con el horizonte. Cuando se dio cuenta el mar había entrado a su alma, a su mundo.
Al cesar el viento pensó primero en regresar. Calculó la hora de llegada exacta, hora en que Valeria debería estar esperándolo ya con la cena. Pero su alma le pidió más mar, mientras el mar le pidió su alma. Entonces quitó las velas de su barco y descansó. Descansó una, dos, tres noches sin sus días, soñando las constelaciones y entendiendo a ése que le contaba sus misterios.
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Cuento James P. Crow
—ERES UN REPUGNANTE... SER HUMANO —chilló de mal humor el robot
tipo Z recién salido de la fábrica.
Donnie enrojeció y se escabulló. Era cierto. Era un ser humano,
un niño humano. La ciencia no podía hacer nada por remediarlo. Estaba condenado
a ello. Un ser humano en un mundo de robots.
Deseó morir. Deseó yacer bajo la hierba, que los gusanos le
comieran, reptaran por su interior y le devoraran el cerebro, su pobre y
miserable cerebro humano. Z-236r, su compañero robot, no tendría a nadie con
quien jugar y sufriría remordimientos.
—¿Adónde vas? —preguntó Z-236r.
—A casa.
—Marica.
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Cuento Harisarman
En cierto poblado vivía un Bracmán
llamado Harisarman. Era pobre y tonto, lo cual le impedía conseguir un trabajo
con el cual poder alimentar a sus numerosos hijos. Así, para conseguir algún
sustento iba pidiendo limosna de casa en casa.
Un día llegó a una importante
ciudad y quiso su suerte que entrase al servicio de un hombre muy rico, llamado
Estuladata. Sus hijos guardaron los ganados del dueño, y su mujer cuidó de
preparar las comidas. En cuanto a él, vivió cerca de la casa de su patrón y se
ocupó del cuidado de sus propiedades.
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